Digitalización de la tercera edad: beneficios y riesgos del uso del smartphone

El uso de dispositivos móviles por parte de personas de edad avanzada ha crecido en popularidad, convirtiendo al smartphone en el aparato más utilizado por mayores de 60 años. Sin embargo, el panorama actual requiere analizar tanto los aspectos protectores de la tecnología como los riesgos asociados a su uso excesivo.
Varios informes señalan que la población de edad avanzada ha experimentado una marcada digitalización, utilizando herramientas como WhatsApp, Facebook, Instagram e incluso TikTok. Pero al examinar el uso de estos dispositivos, las principales preocupaciones de los mayores no se centran en la adicción a contenidos audiovisuales breves, sino en la exposición a riesgos como el fraude en línea, la protección de datos privados y la recepción de información falsa (bulos).
A nivel de salud mental, existe evidencia que vincula el uso problemático del móvil con indicadores de bajo bienestar. Un estudio reciente, por ejemplo, encontró una relación entre el uso excesivo del dispositivo y la manifestación de síntomas depresivos, ansiedad o dificultades para el descanso. Esta dinámica es recogida internacionalmente en investigaciones que identifican la baja participación social y la dependencia del móvil como factores que pueden predecir casos de depresión.
No obstante, la interpretación de estos datos presenta complejidades metodológicas. Una gran parte de los estudios disponibles son de carácter transversal, lo que significa que capturan una instantánea de la población en un momento dado. Esta limitación dificulta determinar si es el uso excesivo del móvil el factor que provoca el aislamiento o la depresión, o si, por el contrario, las personas que ya padecen estos estados emocionales son quienes recurren más frecuentemente a la tecnología.
Desde el otro lado de la balanza, el uso de la tecnología también aporta beneficios comprobables. Un metaanálisis revisado en 2026 indicó que el empleo de dispositivos inteligentes está relacionado con niveles menores de depresión en la población mayor. Mantener contacto con el círculo familiar y social mediante mensajes y llamadas se ha mostrado como un factor de apoyo que ayuda a conservar el bienestar.
A pesar de los beneficios de conexión, la investigación también advierte sobre la necesidad de gestionar la intensidad del uso. Modelos predictivos han señalado que la utilización intensiva de herramientas comunicativas también puede actuar como un predictor de sobredependencia. Por lo tanto, el consenso emergente apunta no a la desconexión total, sino a la adopción de una adecuada «dieta digital». Se enfatiza que el uso debe ser activo y social, lo cual provee un soporte, mientras que el uso pasivo o enfocado únicamente en el aislamiento crónico podría perjudicar el estado psicosocial.
Fuentes: Xataka
Foto de Katie Franklin en Unsplash