Hábitos diarios impactan la adaptación mental ante el estrés, según estudio universitario

La manera en que las personas reaccionan a las situaciones de estrés no es únicamente una cuestión de carácter, sino que puede estar asociada a patrones de vida y hábitos concretos. Un estudio realizado por científicos de la Universidad de Binghamton examinó a estudiantes para establecer correlaciones entre ciertas rutinas diarias y niveles de resiliencia y flexibilidad psicológica.
En el ámbito de la salud mental, la resiliencia se define como la capacidad individual de recuperarse y avanzar tras experimentar circunstancias de alta tensión. En contraste, la flexibilidad psicológica es la habilidad de reconocer las emociones experimentadas y ajustar el pensamiento para tomar la mejor decisión posible, en lugar de mantenerse en un estado de bloqueo emocional. Esta cualidad también permite a los individuos enfrentar emociones desagradables sin intentar evitarlas, sino buscando activamente una manera práctica de confrontarlas.
El estudio, basado en cuestionarios aplicados a 400 estudiantes, buscó identificar hábitos específicos que pudieran estar relacionados con una respuesta más favorable ante el estrés. Los investigadores señalaron que, mientras que la resiliencia no se mide directamente en la investigación, ambas cualidades están interrelacionadas: los buenos hábitos favorecen una mayor flexibilidad psicológica, lo que a su vez permite superar situaciones estresantes con mayor resiliencia.
Los resultados académicos hicieron hincapié en varios pilares de la rutina diaria. En el plano alimenticio, la ingesta nutricional se correlacionó positivamente con mejores resultados, destacando particularmente el consumo de aceite de pescado como un suplemento con una estrecha relación con la flexibilidad y resiliencia. Otro factor crucial es la adherencia a desayunos regulares; se observó una mejora en los participantes que consumían desayuno al menos cinco veces a la semana.
En relación con la actividad física, el ejercicio fue identificado como un factor primario. Sin embargo, los hallazgos sugieren que no es necesario dedicar múltiples horas al gimnasio, ya que la realización de solo veinte minutos de actividad física diarios ya mostró resultados positivos.
El descanso adecuado constituyó otro parámetro vital. El análisis reveló que los estudiantes que dormían por un tiempo inferior a seis horas por noche presentaron un descenso claro tanto en sus niveles de resiliencia como de flexibilidad psicológica.
Por otro lado, los investigadores identificaron la rigidez psicológica —entendida como la incapacidad para encontrar soluciones ante una situación de tensión— como una debilidad que puede incrementarse por ciertos hábitos. Entre estos factores se mencionó el consumo de comida rápida y la falta de sueño. El ejemplo de la rigidez fue ilustrado mediante la situación de perder un viaje importante, comparando a la persona que se bloquea con aquella que procede rápidamente a buscar rutas o alternativas de viaje.
Finalmente, los académicos recordaron las limitaciones del estudio. Se indicó que la muestra se limitó únicamente a 400 estudiantes jóvenes, lo que impide extrapolar los resultados a toda la población. Además, los datos obtenidos provienen de encuestas, por lo que los hallazgos son meramente correlacionales y no determinan causas directas. A pesar de estas advertencias metodológicas, los datos sugieren que mantener hábitos como dormir bien, nutrirse adecuadamente, desayunar regularmente y practicar ejercicio físico puede ser beneficioso para la manera en que las personas afrontan el estrés.
Fuentes: Xataka