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Hallan en Badajoz libros censurados de la época de la Inquisición

El descubrimiento de un conjunto de textos históricos en Barcarrota, Badajoz, reveló materiales literarios prohibidos y poco conocidos, incluyendo un ejemplar de El Lazarillo de Tormes. El hallazgo, que tuvo lugar en 1992, ha permitido a los filólogos reconstruir parte de la vida editorial de obras censuradas por la Iglesia.

El evento ocurrió en agosto de 1992, cuando un albañil realizó una reforma en Barcarrota, un municipio de Badajoz. Tras quitar un tabique, descubrió un hueco interior que contenía varios libros, meticulosamente envueltos en paja y ceniza, y tapiados tras una pared doble de adobe. Entre estos documentos se encontró un ejemplar de El Lazarillo de Tormes, fechado en 1554, que hasta ese momento no había sido visto por ningún especialista.

Históricamente, el Lazarillo de 1554 era conocido a través de tres ediciones: la de Burgos (Juan de Junta), la de Alcalá de Henares (Salcedo) y la de Amberes (Martín Nucio), siendo la última de estas más tardía. Con este hallazgo, Barcarrota aporta una cuarta edición: la de Medina del Campo, producida por los hermanos Mateo y Francisco del Canto el 1 de marzo de 1554. Este ejemplar es el único conocido de esa edición específica y se considera que se sitúa entre las versiones más antiguas de la obra.

Los investigadores han señalado que la mayoría de las ediciones conocidas del Lazarillo podrían haber sido copias de una versión anterior, estimada entre 1552 o 1553, la cual aún se encuentra perdida. La obra ha tenido una trayectoria editorial compleja: se publicó una edición adicional en Amberes con una segunda parte en 1555 y, notablemente, la Inquisición decretó su prohibición en 1559. Posteriormente, en 1573, apareció una versión modificada por Juan López de Velasco, que eliminaba los tratados IV y V.

Los expertos señalan que el Lazarillo completo no volvió a imprimirse en España hasta el siglo XIX, aunque la obra sí sigue siendo material de estudio para estudiantes escolares actuales.

El contexto de los libros también reveló la presencia de materiales censurados por la Inquisición. Se ha señalado que, si un inquisidor hubiera preparado un conjunto de textos, este habría incluido material como dos tratados de quiromancia, un manual de exorcismos, la edición latina de la Lingua de Erasmo o versos de Clément Marot. Estos textos, que se encontraban ocultos y que comparten una fecha aproximada de publicación, son ejemplos de escritos prohibidos o censurados.

El motivo del escondite está directamente ligado al Índice de Valdés, emitido en 1559. Cuatro títulos de Barcarrota, incluido el Lazarillo, figuraban en dicho índice. El riesgo de ser descubiertos significaba una sentencia de muerte, por lo que tapar los libros fue un acto de preservación.

Se han planteado dos teorías sobre la identidad de quienes ocultaron la biblioteca. La primera hipótesis, respaldada por el historiador Fernando Serrano Mangas, identifica a Francisco de Peñaranda, un médico converso judío originario de Llerena y propietario de la casa, como el responsable.

Una segunda línea de investigación, propuesta por el filólogo Pedro Martín Baños, se basa en un hallazgo físico concreto: un pequeño amuleto de papel de unos 11 centímetros de diámetro, encontrado junto a los libros. Este amuleto contiene una dedicatoria dirigida a Fernão Brandão, un hidalgo portugués de Évora, y está fechado en Roma el 23 de abril de 1551. Al rastrear el nombre de Brandão en archivos portugueses, la documentación inquisitorial lo ubica como una persona perseguida por irregularidades, incluyendo la irreligiosidad, la blasfemia, prácticas mágicas y sodomía. A partir de esto, Baños sostiene que Brandão fue el dueño de la biblioteca.

Este segundo pilar de la investigación sostiene que la colección no fue un acopio aleatorio, sino que cada pieza representaba un contenido potencialmente comprometedor para su propietario. Se estima que el emparedamiento tuvo lugar entre finales de 1559 y principios de 1560, periodo caracterizado por un endurecimiento de la censura inquisitorial.

El caso del descubrimiento de libros prohibidos no es único. Se recuerdan hallazgos como el de Egipto en 1945, donde campesinos encontraron una vasija con 13 códices y 52 tratados tras una carta de 367 contra textos no canónicos. De manera similar, la Real Biblioteca de El Escorial posee una colección secreta de libros censurados, y la Biblioteca Nacional de Francia apartó material catalogado como «malos» en L’Enfer desde finales

Fuentes: Xataka