Levy Rozman: El Genio que Convirtió el Ajedrez en Fenómeno Viral
Levy Rozman ha conseguido algo que pocos artistas o divulgadores logran: transformar un deporte de élite, denso y académicamente complejo como el ajedrez, en un espectáculo masivo y entretenimiento puro. Con un pasado de alto rendimiento deportivo y un presente como creador de contenido multimillonario, Rozman no solo ha hecho que el tablero sea visible para millones, sino que ha logrado, ante todo, que sea cool.
Su éxito reside en una rara combinación de talentos: posee un altísimo nivel en el juego —llegando a estar entre los 2.500 mejores jugadores del mundo— y, crucialmente, sabe «traducir lo que ocurre en el tablero para que lo entienda cualquiera».
«Lo más importante es que logro que les importe el ajedrez. Si un experto me explicara química, quizá la entendería, pero no me importaría y la olvidaría inmediatamente», explica Rozman sobre su misión.
La fórmula del entretenimiento: Del tablero al salón
Rozman es un maestro en camuflar la pedagogía dentro del más puro disfrute. Lejos de limitarse al análisis táctico, su contenido es ecléctico: habla de música, deportes, videojuegos y cuenta chistes. Describe su metodología como «dar de comer a un bebé: coges la cuchara y dices ‘mira el avioncito’. Le haces reír y, de repente, también está aprendiendo ajedrez”.
Su canal ha experimentado un crecimiento vertiginoso, un ascenso que, según él mismo, es «una cifra completamente disparatada para el ajedrez». El fenómeno no fue lineal; la pandemia y la popularidad de series como Gambito de dama, sumados a los escándalos mediáticos de grandes figuras del ajedrez, catapultaron sus visualizaciones.
A pesar de tener una fama que supera la de muchos ajedrecistas profesionales, Rozman mantiene una visión crítica y divertida. Aunque recibe admiración de todas las edades, él considera que «los mejores jugadores del mundo deberían ser las superestrellas. Tiene que existir para ellos una oportunidad profesional real de hacerse famosos y conseguir patrocinadores».
El peso de la mirada: Cuando el juego se vuelve escenificación
Esta inmensa popularidad ha alterado drásticamente su relación con la competición. Antes, el ajedrez era un viaje entre amigos. Ahora, cada movimiento lleva «el peso de millones de miradas».
Este cambio psicológico ha sido el más duro de gestionar. Rozman sentencia que, a diferencia de deportes colectivos, «cuando pierdes en el ajedrez, no tienes a nadie más a quien culpar que a ti mismo».
Aunque calculó que hoy en día gana alrededor del 65% de las veces, admite un dolor emocional profundo: «Las derrotas son mucho más dolorosas que la felicidad que siento cuando gano una partida».
Fue en un intento de regresar a la élite —logrando victorias notables en Madrid tras su retiro— cuando entendió sus límites. Descubrió que el nivel de presión era insoportable. «Imagínate que, cada vez que haces algo, el segundo mejor jugador del mundo estuviera mirando». Su conclusión es tajante: «No nací para ser deportista de élite. Para eso necesitas una mentalidad y una fortaleza que yo no tengo».
La paradoja del algoritmo
Hoy, la vida de Rozman es una rutina de creador de contenido; su exigencia es publicar prácticamente un vídeo diario, algo que compara con ir al gimnasio.
El desafío, y la gran paradoja, es que ha tenido que adaptar un juego que exige «cuatro o cinco horas de concentración pura y silenciosa» a un ecosistema digital que se alimenta de la velocidad. «Cuatro o cinco horas de concentración pura y silenciosa no encajan en los algoritmos actuales».
A pesar de esta tensión entre la profundidad artística del juego y la fugacidad de las redes, Rozman ha encontrado un propósito mayor que la competición. Sus vídeos han servido como refugio para quienes han superado crisis de ansiedad, duelo o depresión.
Mirando hacia el futuro, aunque se resiste a la etiqueta de deportista de élite, Rozman tiene claro su destino: «Mi sueño es mudarme a España. Madrid es mi favorita del mundo». Un sueño que lo conecta con la rica tradición ajedrecística de un país que lo ha acogido en su ascenso a la fama global.
Fuentes: El Confidencial Cultura