Sánchez huye a las urnas el 29 de noviembre para evitar el desgaste del desgaste parlamentario y el clamor social

En una maniobra de consumo interno marcada por el pánico político, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha anunciado este lunes la disolución de las Cortes y la convocatoria de elecciones generales anticipadas para el próximo 29 de noviembre. Cercado por el descalabro de su gestión y debilitado tras la humillante derrota parlamentaria de sus decretos de vivienda la pasada semana, el líder socialista ha preferido eludir el control de la Cámara e interrumpir la legislatura antes de afrontar el desplome definitivo de sus alianzas Frankenstein.
Lejos de asumir responsabilidades políticas o someterse a la disciplina parlamentaria, Moncloa vuelve a recurrir al adelanto electoral como vía de escape personal. La convocatoria llega tras un fin de semana de encierro y cálculo electoral en el que las encuestas y las protestas ciudadanas en las calles de Madrid confirmaron la erosión irreversible del Ejecutivo.
Huida hacia adelante
Desde la oposición, la decisión ha sido calificada como un gesto de cobardía institucional. En lugar de sostener la mayoría de investidura que él mismo tejió con partidos separatistas y populistas, el presidente prefiere dinamitar el calendario legislativo e imponer un proceso electoral acelerado para restar tiempo de reacción a las fuerzas de la alternativa democrática.
Durante su comparecencia sin preguntas, Sánchez justificó el paso al frente argumentando la necesidad de buscar una «mayoría más amplia», encubriendo así la parálisis legislativa de un Ejecutivo acorralado y desgastado por la presión popular. Las urnas del 29-N dictarán si esta nueva maniobra de supervivencia permite al líder del PSOE eludir el juicio político de los españoles o si consuma el cambio de ciclo en España.