Transformación territorial de la Francia del siglo XX mediante un gran embalse

Los desastres históricos de las inundaciones en París, como los ocurridos en 1910, obligaron a Francia a buscar soluciones monumentales de ingeniería para mitigar los riesgos de crecidas en su capital. Este esfuerzo resultó en la creación del Lac du Der-Chantecoq, una obra que modificó profundamente el paisaje de la región y sigue cumpliendo la función de regular el caudal hídrico del Marne.
Tras las graves crecidas observadas en 1910 y 1924, se determinó la necesidad de una red de embalses aguas arriba de la capital. El más significativo de estos proyectos se ubicó en la Champaña húmeda. Este nuevo lago artificial fue diseñado para contener el exceso de agua antes de que este alcanzara la región parisina.
El proyecto de infraestructura comenzó en 1967, transformando completamente la geografía local. Cuando el embalse entró en funcionamiento en 1974, se había materializado una extensión artificial de 48 km². Esta área posee 77 kilómetros de orillas y está calculada para almacenar hasta 350 millones de metros cúbicos de agua. El sistema opera como un regulador hidráulico masivo: durante los periodos de riesgo de inundación, el lago retiene parte del caudal del río Marne, y cuando el nivel de agua desciende, lo devuelve gradualmente al curso fluvial, proporcionando un «colchón hidráulico» a unos 200 kilómetros de distancia de París.
La construcción de esta infraestructura tuvo un coste territorial significativo. El área elegida originalmente estaba habitada y agrícola, incluyendo parte del territorio de tres comunidades: Chantecoq, Champaubert-aux-Bois y Nuisement-aux-Bois. Para el establecimiento del lago, miles de residentes tuvieron que abandonar sus hogares, resultando en la expropiación de viviendas, tierras agrícolas y bosques. Los registros indican que estas comunidades no desaparecieron de manera natural, sino que fueron desmanteladas de manera planificada antes de que el agua inundara la superficie.
A pesar de la pérdida de estas poblaciones, no todo el patrimonio cultural se perdió. Algunas construcciones tradicionales, como las de Nuisement-aux-Bois, fueron rescatadas y hoy forman parte de museos dedicados a mantener viva la memoria de las localidades desaparecidas. Un ejemplo notable es la iglesia de Saint-Laurent de Champaubert, que, por su altura relativa, sobrevivió a la inundación, quedando en pie cuando el pueblo circundante dejó de existir. En momentos de bajada del nivel del embalse, el paisaje actual permite vislumbrar antiguos restos de las comunidades sobre el territorio que ocupó.
Curiosamente, el proceso de creación de este espacio de control de inundaciones derivó en una paradoja ecológica. Las vastas áreas de agua y los humedales resultantes fueron ideales para la fauna migratoria. Rápidamente, lo que era un proyecto de ingeniería se convirtió en un importante enclave ornitológico.
Este cambio ecológico fue espectacularmente evidente el 3 de noviembre de 2019. Voluntarios realizaron un recuento en el embalse y contabilizaron la salida de 268.120 grullas cenicientas. Esta cifra excepcional fue el resultado de condiciones meteorológicas que habían concentrado a un número masivo de aves durante su migración hacia el sur.
El Lac du Der ha transformado el paisaje de la región, pasando de ser un área con poblaciones, viñedos y bosques a un espacio acuático. Hoy, el lago atrae anualmente aproximadamente un millón de visitantes, y su existencia es un testimonio de la modificación territorial que tuvo lugar en la Francia del siglo XX con el objetivo de regular el Marne y reducir los efectos de crecidas aguas abajo.
Fuentes: Xataka
Foto de Jordi Vich Navarro en Unsplash